viernes, 21 de septiembre de 2007

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A YouTube, que nos mantuvo con vida y buen humor durante los aciagos días de crisis, nuestro mas sincero homenaje. He aquí los hits del Col.
BABY...QUE TE PUEDO DECIR...

TONY MONTANA

ARTECHE..UNA DE LAS GRANDES FRASES DEL CINE ARGENTINO...

ESPERANDO LA CARROZA, JOYAS...


Desayuno, almuerzo, merienda y cena

Un tema de no poco interés para aquellos trabajábamos en el Col era el referido a la alimentación dentro de la oficina. Al principio, es decir, en los primeros diez días de trabajo en un lugar, uno cumple a rajatabla con las normas que el gerente o supervisor le recalca como "de suma importancia", pero con el paso del tiempo se van dejando ver pequeños callejones por donde escaparle a esos atolladeros, que, en nuestro caso, se hicieron autopistas de ocho carriles. Una de estas normas consistía en que no se podía comer ni beber nada en la posición (entiéndase: pequeño cubículo donde cabe una computadora modelo 87 y un teléfono, nada mas). Esta directiva era poco respetada cuando entramos nosotros y vapuleada, directamente, cuando nos fuimos.
El arranque era alrededor de las 9:30 de la mañana llamando al fiel kiosquito que nos proveía de un rico café con leche y unas deliciosas medialunas de manteca que, literalmente, se desacían en nuestras manos. El primero que llamaba, el menos paciente, era el encargado de hacer el pedido, por lo general, para cinco o seis personas, y las chicas que venían nos llamaban por nuestros nombres e, incluso, reconocían nuestras voces por teléfono. Desde aquí, un saludo a la gente de Suipacha 820. Siempre estarán en nuestros corazones.
La media mañana a veces se hacía pesada, pero se sobrellevaba con galletitas, yogur, barritas de cereal, alfajores o cualquier otra cosa que algún desprevenido cometiera el error de comprar. Había que ver la voracidad de algunos buitres por las galletitas espantosas del negro Oscar, especialmente de las embarazadas que, oh milagro de la naturaleza, abundaban bastante.
Al mediodía afloraban los "tapers" de todas formas y colores y con los contenidos mas variados. Quizás el más extravagante haya sido el inefable Cocomiel. Este personaje, absolutamente menor, solía traer un pequeño recipiente con cuatro (si, cuatro (4)) galletitas "anillitos", un Yogurísimo Cremix y, a veces, algún alfajor Havana blanco. Al mediodía dejaba ver un taper algo mas grande con raras mezclas en su interior. A saber: Fideos blancos con pedazos de salchicha saltados en aceite, Ravioles igualmente blacos, Lasagna (durante una semana seguida) y lo que nosotros llamábamos "Dogui": mezcla informe de pasata blanca y pedazos de carne.
Claro que los demás no eramos personas de comer en ningún restorán. Algunos pedían Arroz amarillo con verduras, otros tortilla de papa, otros "planchita de pollo" (????) y, los mas osados, iban a La Rosetta a comprar un sandwich de pollo con salsa golf, salame y queso, etc, etc. Era para los mas valientes el "Chegusán de Milanga". El más célebre era el "MUNRIPAN" de Alma y Vida, local atendido por Martita, alias "MUNRA". Comerse un "MUNRIPAN" era tocarle el culo al destino. Uno se sentía Indiana Jones embuchando ese pseudo-alimento, pero si la triquinosis o la salmonella no nos dejaban estériles o ciegos, si no nos intoxicábamos con arsénico mezclado en el pan rallado, si no nos mataba el pesticida del tomate o si no mutábamos porque el animal era de un laboratorio cerca de Atucha II sentíamos la inmensa satisfacción del estómago lleno, por lo menos hasta las tres o cuatro de la tarde.
El mate era dominio de los del fondo, nos estaba vedado por carecer de los adminículos necesarios. La Coca-Cola y la Fanta abundaban (a mi alguien me dijo: "vos que tomás coca a lo rolete") y el café de la máquina era aceptable. El café gratuito de la cocina no era apto para personas con algun grado de acidez, úlsera, paladar sensible o, simplemente, buen gusto, savlo mezclarlo con leche, para lo cual había que comprarla y guardarla, lo que te exponía a quedarte en pelotas a los dos días de haber comprado una bolsa de cinco kilos de leche en polvo, y así con cualquier otra cosa que dejaras en la cocina.
Al final, todos sobrevivieron a las ingestas de empanadas de Morita con cerveza (si, cerveza en el laburo) sandwichitos de miga y gaseosas de nombres como "pinky" que servían cada vez que alguien se despedía por que se iba o lo iban, cosa que aconteció muchas veces mientras estuvimos ahí.

martes, 18 de septiembre de 2007


Esperando el milagro

Varios años de saqueo, tanto en la casa matríz como en las sucursales, dieron por resultado una profunda crisis que hizo explosión en junio y julio de 2006.
Esta explosión se caracterizó por cancelar varias rutas aéreas, dejando varados a muchos pasajeros en todo el mundo.
Se jugaba el mundial de Alemania cuando empezamos a recibir llamados de gente que tenía sus vuelos cancelados. Esta gente está acostumbrada a llamar con la histeria al mango como si se tratara de una operación a corazón abierto, por ende, te putean de arriba a abajo y en varios idiomas.
Por ejemplo:

-PASAJERO (P) varado en alguna parte: - Pasame ya con tu supervisora -
-OPERADOR (O) : - No le puedo pasar con la supervisora porque la echaron hace seis meses-

Este constante flujo de puteadas nos tenía con los nervios de punta, pero con el tiempo nos fuimos acostumbrando, al punto de poder decirle a una persona sin ningún empacho que se tiene que comprar un pasaje de vuelta desde Lima hasta Tokio o de Santa Cruz de la Sierra a Estocolmo, y si no tiene plata que espere hasta que vuelvan los vuelos.
Este tiempo fue muy didáctico, porque aprendimos a trabajar bajo presión y algunos truquitos que, yo creo, se deben emplear en todos los Col.
Uno es el "BAÑO MARÍA" que consiste en pedir al pasajero que aguarde un instante y dejarlo ahí hasta que se canse. Otro es el "CABLE LOCO" que no es otra cosa que la involuntaria (cuac) desconección del teléfono. Después tenemos "LA GRAN DICHORCHI" en la cual se finge un desperfecto en la línea que nos impide escuchar y nos hace pensar que se cortó la comunicación. Obviamente, también tenemos la "TE CORTO ¿Y QUÉ?" que no es otra cosa que cortarle en la cara al pasajero que nos está puteando y bancarse las consecuencias.
He aquí un aporte del compañero Coqui:
Permitanme, modestamente, describir otras "técnicas" utilzadas para "ubicar" a gente desubicada que se comunicaba con esta bondadosa comunidad...
El famoso "atiendo/corto" : habilidad para tomar el llamado presionando el botón correspondiente y volverlo a presionar para colgar, acción que debe rozar la velocidad del sonido
Pensamiento del pasajero: 2que mala suerte me atendieron y se corto,Sheiße"
El "4600 querido" consiste en tomar la llamada e instantaneamente, luego de un pase mágico, pulsar 4600, y por arte de magia el llamado será transferido a otro colega.
El pasajero nunca notara el "pasecito"jeje.
En fin, esas fueron épocas doradas donde el trabajo abundaba y las horas pasaban rápido. Ya vendrían otras tempestades.

jueves, 13 de septiembre de 2007

El primer indicio de que se está entrando en confianza con alguien es cuando le dice "che, boludo". Ese "boludo" suena como el hielo cuando se rompe, entonces uno sabe que está todo bien aunque sea por el momento.
El segundo paso en la escalera es el apodo. El Col fue una usina de apodos que no paró ni un instante durante un año.
Digamos que cada quien tenía el suyo. Una de nuestras compañeras, cuyo nombre no voy a develar porque la busca la justicia, es de ascendencia peruana, por ende, su apodo mas común y por el cual se la va a nombrar en este blog es "Chola", aunque también se la llamaba "peruca". El mas joven de la oficina, un personaje de muy baja estatura, fanfarrón pero muy buen pibe es "El Nene Carrizo" por su parecido con Adrián Suar, también se lo llamó "Frodo" y, he aquí su alter-ego, "Facundito Macarrón". Otro compañero, muy corpulento y, fatalmente, menemista (si, si, hay alguno que otro todavía) llevaba el sobrenombre de "Corach" o "Ministro". Uno de los compañeros con mas apodos es el compañero "Coqui", también conocido como "Cocomiel", "Cocota" (solo para el futbol) "Grisín", "Brad Pitt", "La Garza", "Adolfito" y/o "Mengele". Yo siempre fui "El Gordo" y mas tarde me apodaron "Zurdo".
Claro que no faltaba "El Negro" y sus variantes como "polarizado", "oscuro", "brea", etc. Había un "El Flaco", un "polaco", un "Capitán" o "Comandante", un "rosado", una "Rusa" que no es rusa sino Checa, una "Nena" alias "Yolanda", una "hueca", etc, etc.
Tal vez el caso mas emblemático sea el caso del sujeto llamado "Chorchi". Cuando esta señorita entró se ocupó de sembrar una imagen de bondad, inocencia y pulcritud que le hizo ganarse el apodo de "monjita", "Sor" o "Hermana Chorchi". Por supuesto, esa imágen se fue desdibujando con el tiempo dando paso a la realidad. Entonces pasó a ser simplemente "chorchi" o "la hija de puta", apodo de cuyo origen ya nos ocuparemos.

El principio menos pensado

Este blog está dedicado al recuerdo de una serie de hechos, anécdotas, vivencias y verdades develadas que acontecieron desde el mes de marzo de 2006 hasta el mes de agosto de 2007 en el Call Center de una conocida línea aérea.
La historia comienza cuando yo y un grupo de compañeros, que hoy son amigos, entramos a trabajar a una empresa que a priori parecía una subestación de la NASA. A medida que iban pasando los días, íbamos aprendiendo el trabajo y todas esas pequeñas cosas que implica pasar nueve horas fuera de casa.
Cabe decir que cuando entramos en el Call Center (de ahora en mas: "el Col") había en la oficina una supervisora, dos agentes líderes y treinta operadores telefónicos de varias edades y procedencias y de personalidades muy marcadas.