sábado, 8 de diciembre de 2007

De música ligera

El Col era un espacio en el cual reinaba el ruido: el de los teléfonos sonando, las voces de las conversaciones, las puteadas a los pasajeros, los gritos de las líderes diciendo "se canceló el uno siete" o el "¡TRUCO! - ¡QUIERO RE-TRUCO! - ¡QUIERO VALE CUATRO! - ¡TOMÁ, NEGRO DE MIERDA!" y, mas tarde, el televisor, el taladro neumático de la construcción de al lado, los gordos del sindicato a los gritos, etc, etc.
Pero... gracias a Dios, algún alma iluminada había logrado hacerse de un reproductor de CD y Radiograbador que atesorábamos por demás.
Al principio este adminículo era monopolizado por las señoras que habitaban la otra punta del Col, por lo tanto, era comun escuchar una radio pedorra de temas estilo ricky martin, alejandro lerner o ricardo montaner. Mas luego, el equipo fue trasladado hacia la "zona roja" de la oficina, gráficamente hablando, en el pasillo central al fondo; una cueva.
Una vez ahí, el grabador pasó a ser propiedad casi exclusiva de la banda loca y solo se admitía cierto tipo de música.
Cada quien tenía derecho a traer los discos que considerase aptos para musicalizar la jornada, asi se fue formando una discoteca bastante nutrida.
Los mas escuchados eran:
Compilado Internacional I y II
Compilado Nacional
Soda Stereo - Ultimo Concierto A y B
Babasónicos - Jessico

Bob Marley - Legend
Led Zeppelin
Ramones - Compilado
Ramstein
No Te Va Gustar
Las Pastillas del Abuelo
Kapanga - Kapangastock
Queen
Algunos temas se volvieron legendarios, como "Rulo París", de Kapanga, "Pet Cementery" de Ramones, "Rock n Roll" de Zeppelin, y cuando sonaban, obligaban a detener cualquier otra actividad.
Por supuesto, los discos que eran de uso comunitario y quedaban cerca del equipito sufrieron hurtos y sustracciones por medio de manos poco escrupulosas que, cuando se veían venir la furia general por la falta de tal o cual himno, anonimamente lo reponían, aunque algunos desaparecieron irremediablemente como las manos de Perón.
Siempre vamos a recordar cuando, tarde a la noche, cuando ya no quedaba nadie en el edificio, ademas de uno y Valentín, el equipito sonaba a full con algun rocanrol furioso aunque se estuviesen cayendo los aviones como hojas en otoño.
¿quién tendrá ese equipito? ¿quién nuestros discos desaparecidos?
No importa, todo queda en la memoria.

Unos pocos peligros sensatos

Por Corach*

Uno de los hechos más bizarros que sucedían en el Coll eran las llamadas "Guerras por la Dignidad". Para que se entienda, era una confrotación armada con artículos de oficina donde dos bandas atricheradas se tiraban a matar.
Por lo general de un lado estaban Rini, el Nene, Corach y Cocomiel y por el otro, el Negro, la Chola, Chorchi y Paulita y desde una posición como francotiradora la supervisora Yanina.
Las confrontaciones podían empezar en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia. Casi siempre todo empezaba con un misil contundente a la nuca del Negro. La venganza no tardaba en llegar. Y el Negro no tardaba en juntar a sus tropas que fieles a él, comenzaban a simular Katiuyas apuntando a nuestra base.
De esta manera tan simple y burda, daba pie a lo que se definía como la caida del Coll o como nuestro amigo Cocot llamaría "Der Undertag". De estos episodios, surgió la famosa frase traducida del teutón "no hay capitulación!!!" (hay que poner el puño en alto y pegar en la mesa varias veces).
Rasgos característicos de los valientes soldados:
Rini: siempre confiable en la batalla excepto que se produciera en horario de almuerzo, desayuno o merienda. Dueño de un brazo capaz de disparar misiles de larga distancia. Disparaba todo tipo de proyectil pero jamas su Shot de las 4 de la tarde.
El Nene: eficiente, sagaz. Su tamaño permitía infiltrarse en las líneas enemigas y de ahí disparar por la espalda. En realidad era un disfraz de cobarde pero como dijimos, muy eficiente. En la guerra vale todo. Con su Ipod nano simulaba estar de pasada pero no, estaba midiendo las posibilidades de una contraofensiva. Muy útil.
Corach: vital en la confrontación, leal a sus compañeros. No dudaba jamás en incursionar en la batalla. Blancos predilectos, la Chola y la traidora de Chorchi.
Cocomiel: inescrupuloso, de sangre fría, un George Patton del subdesarrollo por no decir que se creía un Erwin Rommell también del subdesarrollo. Hombre que se quedaba atrincherado en su posición, pero cuando se asomaba se convertía en una maquina de matar. Lo más parecido a una torreta antiaérea.
El Negro: Comandante en Jefe. Hombre guerrero, tenaz, para definirlo bien "no se come una". Victima de todas las agresiones. Sufrió todo tipo de heridas con artículos contundentes jamás pensados para una guerra de oficina. Igualmente siempre se puso de pie y siguió batallando. Capaz de recibir un gomazo en el párpado y mientras cae dispara un sobre de azúcar con tal puntería que te noquea por 2 minutos.
La Chola: inteligente, rápida, gana más por su astucia que por su fuerza. La táctica ideal empleada por ella es poner cara de buenita, te enternece y zas!!!! Te estampó una máscara antihumo en la frente.
Chorchi: a diferencia de todos los soldados, ella es la más ineficaz y cobarde pero con ternura. Capaz de almacenar un arsenal pero dispararlo por error a sus aliados. Hubo casos en los que logró infiltrarse en las lineas enemigas, uno creia que se había vendido pero no!!! En plena batalla, nos traicionaba y acribillaba.
Paulita: soldado de sobresalientes características. Valiente, siempre lista al llamado del Negro. Su pericia se basa en el cuerpo a tierra, se atrincheraba en una zona oscura llamada "emisión" y de allí lograba a tiro de mortero causar muchas bajas y heridos.
La más importante y temeraria: la supervisora Yanina.
Con vista de lince, lograba desde una posición elevada, disparos certeros contra todo soldado que se interponía en su camino. No estaba aliada a ningún bando. Sus victimas preferidas: el Negro y el Nene.
Objetos que eran arrojados en las guerras: sobres de azúcas, sobres de condimentos, lapices, biromes, los marcadores y crayones de Santi, gomas, protectores de pantalla, máscaras antihumo, revistas, diarios y cualquier otro objeto que deje marca o produzca dolor.
Esta es mi breve reseña de lo sucedido un día cualquier en el Coll.
Si en alguno de sus nuevos trabajos esto sucediera, por favor avisen así mandamos los CV´s.

* Corach es Andres Sananes, futuro padre de una criatura que deberá soportarlo muchos años.

miércoles, 31 de octubre de 2007

Cuando nos volvamos a ver

A medida que transcurre el tiempo y no nos vemos tanto como antes, vamos perdiendo la noción de como está aquel que veíamos todos los días y del que ahora ni tenemos noticias. Por eso, me puse a pensar que cuando nos volvamos a ver, muy probablemente no nos reconozcamos, asi que me tomé la libertad de subir a este blog una ayudita para que no caigamos en la famosa flor en el ojal o la ropa roja. Seguro que cada uno podra reconocerse.


























































viernes, 21 de septiembre de 2007

Este blog recomienda...

A YouTube, que nos mantuvo con vida y buen humor durante los aciagos días de crisis, nuestro mas sincero homenaje. He aquí los hits del Col.
BABY...QUE TE PUEDO DECIR...

TONY MONTANA

ARTECHE..UNA DE LAS GRANDES FRASES DEL CINE ARGENTINO...

ESPERANDO LA CARROZA, JOYAS...


Desayuno, almuerzo, merienda y cena

Un tema de no poco interés para aquellos trabajábamos en el Col era el referido a la alimentación dentro de la oficina. Al principio, es decir, en los primeros diez días de trabajo en un lugar, uno cumple a rajatabla con las normas que el gerente o supervisor le recalca como "de suma importancia", pero con el paso del tiempo se van dejando ver pequeños callejones por donde escaparle a esos atolladeros, que, en nuestro caso, se hicieron autopistas de ocho carriles. Una de estas normas consistía en que no se podía comer ni beber nada en la posición (entiéndase: pequeño cubículo donde cabe una computadora modelo 87 y un teléfono, nada mas). Esta directiva era poco respetada cuando entramos nosotros y vapuleada, directamente, cuando nos fuimos.
El arranque era alrededor de las 9:30 de la mañana llamando al fiel kiosquito que nos proveía de un rico café con leche y unas deliciosas medialunas de manteca que, literalmente, se desacían en nuestras manos. El primero que llamaba, el menos paciente, era el encargado de hacer el pedido, por lo general, para cinco o seis personas, y las chicas que venían nos llamaban por nuestros nombres e, incluso, reconocían nuestras voces por teléfono. Desde aquí, un saludo a la gente de Suipacha 820. Siempre estarán en nuestros corazones.
La media mañana a veces se hacía pesada, pero se sobrellevaba con galletitas, yogur, barritas de cereal, alfajores o cualquier otra cosa que algún desprevenido cometiera el error de comprar. Había que ver la voracidad de algunos buitres por las galletitas espantosas del negro Oscar, especialmente de las embarazadas que, oh milagro de la naturaleza, abundaban bastante.
Al mediodía afloraban los "tapers" de todas formas y colores y con los contenidos mas variados. Quizás el más extravagante haya sido el inefable Cocomiel. Este personaje, absolutamente menor, solía traer un pequeño recipiente con cuatro (si, cuatro (4)) galletitas "anillitos", un Yogurísimo Cremix y, a veces, algún alfajor Havana blanco. Al mediodía dejaba ver un taper algo mas grande con raras mezclas en su interior. A saber: Fideos blancos con pedazos de salchicha saltados en aceite, Ravioles igualmente blacos, Lasagna (durante una semana seguida) y lo que nosotros llamábamos "Dogui": mezcla informe de pasata blanca y pedazos de carne.
Claro que los demás no eramos personas de comer en ningún restorán. Algunos pedían Arroz amarillo con verduras, otros tortilla de papa, otros "planchita de pollo" (????) y, los mas osados, iban a La Rosetta a comprar un sandwich de pollo con salsa golf, salame y queso, etc, etc. Era para los mas valientes el "Chegusán de Milanga". El más célebre era el "MUNRIPAN" de Alma y Vida, local atendido por Martita, alias "MUNRA". Comerse un "MUNRIPAN" era tocarle el culo al destino. Uno se sentía Indiana Jones embuchando ese pseudo-alimento, pero si la triquinosis o la salmonella no nos dejaban estériles o ciegos, si no nos intoxicábamos con arsénico mezclado en el pan rallado, si no nos mataba el pesticida del tomate o si no mutábamos porque el animal era de un laboratorio cerca de Atucha II sentíamos la inmensa satisfacción del estómago lleno, por lo menos hasta las tres o cuatro de la tarde.
El mate era dominio de los del fondo, nos estaba vedado por carecer de los adminículos necesarios. La Coca-Cola y la Fanta abundaban (a mi alguien me dijo: "vos que tomás coca a lo rolete") y el café de la máquina era aceptable. El café gratuito de la cocina no era apto para personas con algun grado de acidez, úlsera, paladar sensible o, simplemente, buen gusto, savlo mezclarlo con leche, para lo cual había que comprarla y guardarla, lo que te exponía a quedarte en pelotas a los dos días de haber comprado una bolsa de cinco kilos de leche en polvo, y así con cualquier otra cosa que dejaras en la cocina.
Al final, todos sobrevivieron a las ingestas de empanadas de Morita con cerveza (si, cerveza en el laburo) sandwichitos de miga y gaseosas de nombres como "pinky" que servían cada vez que alguien se despedía por que se iba o lo iban, cosa que aconteció muchas veces mientras estuvimos ahí.

martes, 18 de septiembre de 2007


Esperando el milagro

Varios años de saqueo, tanto en la casa matríz como en las sucursales, dieron por resultado una profunda crisis que hizo explosión en junio y julio de 2006.
Esta explosión se caracterizó por cancelar varias rutas aéreas, dejando varados a muchos pasajeros en todo el mundo.
Se jugaba el mundial de Alemania cuando empezamos a recibir llamados de gente que tenía sus vuelos cancelados. Esta gente está acostumbrada a llamar con la histeria al mango como si se tratara de una operación a corazón abierto, por ende, te putean de arriba a abajo y en varios idiomas.
Por ejemplo:

-PASAJERO (P) varado en alguna parte: - Pasame ya con tu supervisora -
-OPERADOR (O) : - No le puedo pasar con la supervisora porque la echaron hace seis meses-

Este constante flujo de puteadas nos tenía con los nervios de punta, pero con el tiempo nos fuimos acostumbrando, al punto de poder decirle a una persona sin ningún empacho que se tiene que comprar un pasaje de vuelta desde Lima hasta Tokio o de Santa Cruz de la Sierra a Estocolmo, y si no tiene plata que espere hasta que vuelvan los vuelos.
Este tiempo fue muy didáctico, porque aprendimos a trabajar bajo presión y algunos truquitos que, yo creo, se deben emplear en todos los Col.
Uno es el "BAÑO MARÍA" que consiste en pedir al pasajero que aguarde un instante y dejarlo ahí hasta que se canse. Otro es el "CABLE LOCO" que no es otra cosa que la involuntaria (cuac) desconección del teléfono. Después tenemos "LA GRAN DICHORCHI" en la cual se finge un desperfecto en la línea que nos impide escuchar y nos hace pensar que se cortó la comunicación. Obviamente, también tenemos la "TE CORTO ¿Y QUÉ?" que no es otra cosa que cortarle en la cara al pasajero que nos está puteando y bancarse las consecuencias.
He aquí un aporte del compañero Coqui:
Permitanme, modestamente, describir otras "técnicas" utilzadas para "ubicar" a gente desubicada que se comunicaba con esta bondadosa comunidad...
El famoso "atiendo/corto" : habilidad para tomar el llamado presionando el botón correspondiente y volverlo a presionar para colgar, acción que debe rozar la velocidad del sonido
Pensamiento del pasajero: 2que mala suerte me atendieron y se corto,Sheiße"
El "4600 querido" consiste en tomar la llamada e instantaneamente, luego de un pase mágico, pulsar 4600, y por arte de magia el llamado será transferido a otro colega.
El pasajero nunca notara el "pasecito"jeje.
En fin, esas fueron épocas doradas donde el trabajo abundaba y las horas pasaban rápido. Ya vendrían otras tempestades.

jueves, 13 de septiembre de 2007

El primer indicio de que se está entrando en confianza con alguien es cuando le dice "che, boludo". Ese "boludo" suena como el hielo cuando se rompe, entonces uno sabe que está todo bien aunque sea por el momento.
El segundo paso en la escalera es el apodo. El Col fue una usina de apodos que no paró ni un instante durante un año.
Digamos que cada quien tenía el suyo. Una de nuestras compañeras, cuyo nombre no voy a develar porque la busca la justicia, es de ascendencia peruana, por ende, su apodo mas común y por el cual se la va a nombrar en este blog es "Chola", aunque también se la llamaba "peruca". El mas joven de la oficina, un personaje de muy baja estatura, fanfarrón pero muy buen pibe es "El Nene Carrizo" por su parecido con Adrián Suar, también se lo llamó "Frodo" y, he aquí su alter-ego, "Facundito Macarrón". Otro compañero, muy corpulento y, fatalmente, menemista (si, si, hay alguno que otro todavía) llevaba el sobrenombre de "Corach" o "Ministro". Uno de los compañeros con mas apodos es el compañero "Coqui", también conocido como "Cocomiel", "Cocota" (solo para el futbol) "Grisín", "Brad Pitt", "La Garza", "Adolfito" y/o "Mengele". Yo siempre fui "El Gordo" y mas tarde me apodaron "Zurdo".
Claro que no faltaba "El Negro" y sus variantes como "polarizado", "oscuro", "brea", etc. Había un "El Flaco", un "polaco", un "Capitán" o "Comandante", un "rosado", una "Rusa" que no es rusa sino Checa, una "Nena" alias "Yolanda", una "hueca", etc, etc.
Tal vez el caso mas emblemático sea el caso del sujeto llamado "Chorchi". Cuando esta señorita entró se ocupó de sembrar una imagen de bondad, inocencia y pulcritud que le hizo ganarse el apodo de "monjita", "Sor" o "Hermana Chorchi". Por supuesto, esa imágen se fue desdibujando con el tiempo dando paso a la realidad. Entonces pasó a ser simplemente "chorchi" o "la hija de puta", apodo de cuyo origen ya nos ocuparemos.

El principio menos pensado

Este blog está dedicado al recuerdo de una serie de hechos, anécdotas, vivencias y verdades develadas que acontecieron desde el mes de marzo de 2006 hasta el mes de agosto de 2007 en el Call Center de una conocida línea aérea.
La historia comienza cuando yo y un grupo de compañeros, que hoy son amigos, entramos a trabajar a una empresa que a priori parecía una subestación de la NASA. A medida que iban pasando los días, íbamos aprendiendo el trabajo y todas esas pequeñas cosas que implica pasar nueve horas fuera de casa.
Cabe decir que cuando entramos en el Call Center (de ahora en mas: "el Col") había en la oficina una supervisora, dos agentes líderes y treinta operadores telefónicos de varias edades y procedencias y de personalidades muy marcadas.